14/10 - Cientos de curvas, tras cinco horas y media de guagua, me ha llevado hasta esta isla considerada la “
Perla de
Oriente”, en la costa noroeste del país. En un principio, aquí concluiría mi viaje por
Malasia antes de cruzar la frontera y terminar en
Bangkok.
En 1.776
Francis Lay, capitán de la
Real Compañía de las Indias Orientales decidió construir en
Penang un puerto que rivalizase con el puerto holandés de
Malaca, invitando a establecerse a gente de todo el imperio británico. Los dos grupos principales que aceptaron la oferta construyeron sus propios asentamientos: una
Chinatown de hermosa arquitectura y una
Pequeña India, bulliciosa y frenética.
La primera colonia británica de
Malasia, y su capital
Georgetown se fundó en 1.786.
Gracias a su papel en el
comercio del Opio la ciudad prosperó en el
s.XIX y se convirtió en un importante centro de comercial del imperio británico. Aquí todo recuerda a
Inglaterra, pues se puede ver la influencia inglesa en los fastuosos edificios de la capital de esta isla.
Georgetown acoge a la mayor población china fuera de su país. Muchos de los primeros chinos que aquí se asentaron se casaron con mujeres de la zona y crearon como en
Malaca o en
Singapur una nueva raza: chinos
Peranakan o
Babanonias.
Se hicieron ricos rápidamente y mostraban abiertamente sus riquezas y costumbres mezcla entre lo oriental y lo occidental, es decir: el chino que adora lo británico.
Los casi 500.000 chinos que habitan en
Penang constituyen la mayor comunidad de la isla, y el barrio chino es el más grande existente fuera de las fronteras de
China continental, que continúa vivo gracias a una antigua sociedad de clanes llamada
Kohn Sin.
En los años 60 y 70 las playas eran un punto de reunión hippy, donde se realizaban unas fiestas muy locas con muchas bebidas y mujeres en “topless”. Pero en su época de más apogeo comenzaron las

terribles construcciones hoteleras y fue destino extremadamente popular para los turistas amantes del sol y playas enigmáticas.
Hoy día, los mendigos e indigentes, el tráfico, el ruido, la contaminación en algunas calles, oleadas de turistas en los bares, en templos com
o el de
las Serpientes venenosas (a 3km), dedicado a un monje budista curandero, o en las cuevas como
Batu Ferengui, en la costa norte y las decepcionantes playas, lejos de parecer tan bueno como lo publicitan en los folletos, echa para atrás a cualquiera que quisiere tranquilidad.
Es por lo que opté por quedarme un solo día y huir “por patas” de este lugar que no me ha gustado nada desde que llegué aquí con tremendas ganas de descubrir algunas de sus maravillas. Y queriendo descansar de una vez, y a ser posible en otra isla que sea mucho más tranquila, no tuve otra opción que, nuevamente, volver a la otra orilla del país, porque mi próximo destino será una de las
islas Peheretian, un largo trayecto en bus que me llevaría todo el día en bus. Pues subir hasta la isla de
Langkawi, algo más al N, no estaba en mis planes precisamente por ser un popularísimo destino de paquetes turísticos.